Articulo publicado por la Dr. Ana Morales en La Prensa Libre

MATONISMO ESCOLAR: UNA VÍA HACIA EL SUICIDIO ENTRE NIÑOS Imprimir Correo electrónico
Escrito por Jorge Sancho
Lunes 17 de Septiembre de 2012 00:00

• En la primera década del Siglo XXI, 62 menores de 18 años acabaron con su propia vida

“Estadísticamente podemos decir que el bullying se genera más en las niñas al inicio de la adolescencia, entre los 12 y 13 años”, señala la sicológa Ana Yendry Morales “ya que no podemos evitar que crezcan, dejemos que los niños jueguen”. Esa frase, a quien no le puedo acreditar autoría, pareciera ser la máxima que debiera dirigir al adulto en la crianza de los niños, por supuesto sin dejar de lado muchos otros aspectos.

Idealmente, en su hogar el niño debe aprender valores, construirse una moral e ir venciendo poco a poco algunos conflictos propios de su edad que le vayan desarrollando una personalidad tal que pueda enfrentar el resto de su vida de la mejor forma posible.

Pero resulta obvio que el ideal no siempre es lo que encontramos en todos y cada uno de los hogares, pues los hay “de todos los colores y sabores” a lo largo y ancho de cada nación.

Entonces, nos damos cuenta de que las personalidades, todas, son muy diferentes en cada individuo que anda por la vida, evidentemente, pues todos sabemos que no hay dos sujetos iguales, aunque exteriormente nos lo parezca, tal es el caso de los gemelos idénticos.

En el hogar, todo padre de familia quisiera que sus hijos se desarrollaran en un ambiente controlado, donde ni siquiera una caída sufrieran sus “retoños”, pero tal pretensión la sabemos imposible. Y si en la casa tiene esa condición, en la escuela o colegio, o simplemente en la calle, con sus pares (amigos), no tiene por qué ser diferente, a pesar de que en una institución de educación se da el caso de que los docentes y administrativos creen que los alumnos están en un ambiente controlado.

“La constitución de la personalidad se da en el sujeto desde el momento en que nace hasta un año”, nos explica la sicóloga clínica Ana Yendri Morales Blanco, “y después”, en una segunda etapa, “ hasta los 6-7 años”, añade.

En ese período, influenciado por lo que ve, escucha, o simplemente vive, es entonces el que marca al sujeto por el resto de su vida.

De ahí saldrán sujetos agresivos, muy calmados, flemáticos, en fin…

Del hogar saltan a la escuela (preescolar y más allá), donde se encuentran, de alguna manera, con quienes no solo fungirán como tutores, sino como padres y entre sus compañeros se toparán con sujetos de todo tipo.

Y como ese ambiente no es tan controlado como muchos piensan, ahí, en la institución educativa, el niño podrá encontrarse también con abusadores. Y si se es víctima de abusos, no solo físicos, sino que de palabra y sicológicos, las víctimas de esos matones, en caso extremo, podrían llegar a algo que, por su edad, a los mayores les pareciera imposible… el suicidio.

Es difícil de creer que un menor de edad, con toda una vida por delante, y de quien se piensa no tiene mayores problemas para su desarrollo, llegue a al extremo de quitarse la vida, pero sucede.

EL BULLYING

Bullying es el término en inglés para matonismo, y consiste en el nombre que los especialistas le han dado al matonismo escolar, que en nuestro país se denominó primero “acoso escolar”, para luego dejarlo en el anglisismo.

Este “es cualquier tipo de acoso escolar, maltrato físico, verbal y sicológico que se da entre un grupo de compañeros de escuela o colegio por un tiempo determinado”, explica la sicóloga Morales. Para profundizar manifestando que entre sus características encontramos ciertas particularidades: “debe haber una víctima (sujeto que visualiza al agresor de una forma más fuerte que él, sea como una característica real que sea más fuerte) o una cuestión más subjetiva por parte de la víctima.

En el agredido, que estadísticamente viene siendo abusado desde temprana edad y continúa hasta el colegio, genera síntomas de tristeza y soledad los cuales pueden desencadenar en el suicidio”, indica.

EN 10 AÑOS 62 SUICIDIOS

En la revista de Ciencias Sociales 131-132 (Págs. 37 a 55) de 2011, Mario A. Sáenz Rojas de la Escuela de Sicología de la Universidad Católica de Costa Rica, publicó el artículo Aportes para una epidemiología del suicidio en Costa Rica: Análisis de la primera década del Siglo XXI”. En esta, encontramos un cuadro en el cual se presenta el número de suicidios por año desde 2000 hasta 2009, por edad.

En él encontramos que un total de 62 menores de edad terminaron con sus vidas, siendo el año 2002 el de mayor incidencia con 11 y 2009 con tres.

Valga decir que no se manifiesta que las 62 muertes fueron de víctimas del bullying, pero la estadística es muy importante para darnos cuenta que el problema es real en nuestro país, entre los menores de 18 años, quienes a nuestro parecer no deben de tener problemas tan serios como para pensarlo y menos para llevarlo a cabo.

EN COSTA RICA

“Este es un problema que siempre se ha presentado en el país, el cual ahora se ha visibilizado más, porque la gente tiene más información, se atreve a denunciar y hoy conoce la diferencia entre el acoso y los simples conflictos escolares, que siempre se dan, como que dos chiquillos se peleen hoy y mañana vuelven a ser amigos, y el bullying como tal”, subrayó a LA PRENSA LIBRE la licenciada Rocío Solís de la Contraloría de Derecho del Ministerio de Educación Pública.

LOS CASOS MÁS FRECUENTES

El siquiatra Freddy Vásquez, jefe del Programa de Prevención de Suicidio del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, de Perú, donde entre el 1 de enero y el 7 de setiembre de este año, 13 estudiantes de diferentes niveles educativos se quitaron la vida por ser víctimas de bullying escribió en la revista Perú21:

“Los casos más frecuentes son entre escolares de 11 a 13 años. Las características que tienen las víctimas de bullying, al borde del suicidio, son el aislamiento, tanto en casa como en el aula; además son retraídos, se sienten marginados”.

Las anteriores características, encontradas en un menor de edad, deberían “hacer sonar una alarma” no solo en el hogar sino también en la institución educativa.

IGUAL EN PÚBLICOS Y PRIVADOS

El problema del bullying no tiene límites ni fronteras, al punto que la licenciada Rocío Solís, afirmó que “se puede decir que el problema es igual en instituciones públicas y privadas”.

Por su parte, la sicóloga Ana Yendri Morales explica: “Si vemos factores sociales, por ejemplo, en las escuelas públicas de lugares más pobres y conflictivos, hay más carencia afectiva que se deja ver y pareciera que la agresión es más visible en ese ámbito. Familias disfuncionales, problemáticas, padres alcohólicos, madres abusadas, o abusadoras (por qué no), entonces es más fácil que el niño venga de un ambiente destructivo, y pues claro, que en las escuelas privadas sería mas fácil esconderlo, por una política institucional”.

Pero también está el hecho de que tal o cual familia, de mucho recurso, no permita que esos problemas trasciendan el hogar, no solo por “el qué dirán”, sino por una cuestión de estatus.

ENTRE ADOLESCENTES

Este problema trajo varias situaciones a la luz pública que preocuparon a la sociedad costarricense tanto que, al conocerse que muchos alumnos de colegio (y hasta de escuela) llevaban a sus centros de estudios armas de fuego y punzo cortantes, que como una medida preventiva se empezaron a revisar los bultos.

“Si el sujeto ya está constituido en cuanto a su personalidad (de 0 a 6 años), cuando se es adolescente hay también una vivencia parecida para que el sujeto vuelva a constituir su personalidad, por eso no sabe dónde está, qué quiere hacer, con estados de ánimo cambiantes, porque hay una segunda opción para que el individuo pueda constituir una personalidad, y muchas veces si tienen muchas frustraciones, o conflictos no resueltos esto se vuelve caótico, el sujeto se vuelve potencialmente más agresivo.

Una de las desventajas del agresor es que no siente dolor por el otro. Entonces ‘si te angustio no me importa, porque este es mi fin único’. Y dentro de la patología del agresor esto es muy fuerte, y hay que trabajarlo porque se puede convertir en una sociopatía. Y así va a ser con el resto de las personas que tenga cerca en su vida. Es una persona apática, no siente solidaridad, ni amor, ni comprensión por el otro”.

EL AGRESOR

“La intención es satisfacer sus necesidades destructivas. Debemos conocer también cómo es la familia del agresor. Viene de padres narcisistas quienes no le dieron suficiente contención al niño, así en vez de conocer el amor, conoce la destrucción, crece como un niño solo a quien los padres no lo cuidaron, tal vez porque creció con ausencia del padre y por qué no de la madre, entonces no tiene el sostén de esas figuras, que son muy importantes para el desarrollo del niño. Es un niño que sabe de la agresión.

Ya el sujeto síquicamente está constituido de esa manera, entonces antes de llamar la atención, lo que necesita es satisfacer su necesidad de destrucción”, expone la sicóloga Morales Blanco.

CON COMPINCHES

La sicóloga amplía que en algunos casos el agresor no actúa solo, pues cuenta con un “séquito” que “también lo considera el más fuerte, pero debemos saber que el agresor necesita satisfacer sus necesidades de destrucción y a pleno”.

Además aclara que ese agresor hasta podría ser una persona cuya apariencia física no amedrente, pero eso sí muy inteligente y manipulador, para que en su ámbito sea reconocido como el más fuerte.

“El agresor es una persona fuerte en algún aspecto, ya sea intelectual o físico. Entonces va a tener compañeros que se identifican con él en la tendencia de agredir o destruir el medio. Y este agresor primario, el más fuerte, se vuelve un líder y sabe qué hacer. Identifica a la víctima y la acorrala hasta victimizarla totalmente”, sentencia Morales.

LA VÍCTIMA

“En el caso de la víctima, pareciera que también puede formarse en el hogar. Puede que venga de padres sobreprotectores, que no le dieron herramientas suficientes como para que se pueda o sepa defender, hablamos de situaciones de dependencia.

Acá lo que procede es darle contención al niño, es decir sostener al niño, hacerle ver que no es su culpa esto que está pasando, que debe defenderse y que se tiene que denunciar, añade Morales Blanco.

Luego, la sicóloga clínica agrega, respecto al agredido: “Se le pierden las cosas, útiles y otros, llegan a la casa con rasguños, o vienen sus cosas rotas, y además de pronto es un niño triste que además se queda sin compañeritos de clase súbitamente.

No quiere ir a la escuela, o cuando se habla de la escuela el niño acosado no quiere hablar de eso, porque sabe que para él representa un problema. Esta es otra de las características que tiene la víctima: guarda un silencio”.

MÁS ENTRE MUJERES

Como el niño es más activo que la niña, en el sentido que participa más en juegos que podrían causarle algún raspón, morete, herida y más, es muy probable que algunos casos de bullying entre ellos sean más difíciles de detectar, porque además “el agredido se torna un niño callado, apartado y no cuenta las cosas”, señaló Morales.

Por lo anterior, y en caso contrario, con las niñas se considera que este fenómeno se da más, o en otras palabras es más evidente.

Una niña con raspones, rasguños, en fin heridas llama más la atención y preocupación por la razón de esas heridas, según comenta Morales Blanco.

¿ENCARAR EL PROBLEMA?

Por supuesto que existe la terapia para estos casos. Tanto en el agresor como en la víctima se trabaja en la contención del problema. Así lo afirma Morales Blanco:

“Dentro de lo más sano, lo que necesitan es un padre que no sea castigante, o sea, que no exista el círculo de la violencia. Se debe trabajar en las escuelas el sentido de la comunicación, para que se pueda denunciar esa violencia, y así se le enseña no solo a la víctima, sino a los compañeros para formar ese sentimiento de solidaridad y comunicar estas cosas, lo cual es un deber, además.

Son parte del  problema y deben de solucionarlo, el agresor, la víctima, los padres, los profesores y los compañeros, son cinco componentes muy importantes que deben trabajarse.

Por su parte, la licenciada Solís subraya: “Lo primero es la sensibilización del adulto, ya que son los primeros con el deber de creerles a los niños y muchachos y detectar los síntomas, como pérdida de peso, baja en el rendimiento y participación y acercarnos y preguntar y conversar.

Recordemos que se teme la represalia por parte de los niños, por eso el Ministerio tiene los programas de convivencia estudiantil para el abordaje de la situación y saber lo que sucede.

Por eso hay que volver a aprender a vivir y por eso es importante retomar la tolerancia y transmitirla a niños y jóvenes, pues ellos lo replican en su ámbito.

Los adultos son los encargados de crear una niñez sana para que lleguen a ser adultos sanos”, concluyó.

 

Escríbale a Jorge Sancho: jsancho@prensalibre.co.cr.

http://www.prensalibre.cr/lpl/nacional/70767-matonismo-escolar-una-via-hacia-el-suicidio-entre-ninos.html

 

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